¿Qué jefe o jefecillo no tiene a su alrededor un pelota o pelotilla presto y dispuesto
a hacerle la vida más fácil, más amable, más grata, más...? Aunque los pelotas, al
igual que los chivatos, desgraciadamente son legiones; ninguno ha llegado a alcanzar
ni la mitad de la fama de un chivato. El pelota y el chivato son la cara y la cruz de un
mismo trastorno psicológico. El pelota es más dócil, abnegado y complaciente que el
chivato, que es más altivo, arrogante y pretencioso. Mientras que el pelota responderá siempre a todo que sí, el chivato es capaz de defender e imponer su criterio en alguna que otra ocasión. La figura del pelota es más cariñosa y simpática que la del chivato que es más agresiva, despreciable y socialmente peor vista.

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Un buen pelota jamás llegará tarde a su trabajo, mientras que un chivato puede exigir alguna prebenda y llegar algún día que otro, después de un buen soplo, algo más tarde. El buen pelota ordenará todos los asuntos diariamente -sean o no profesionales- en función a la prioridad marcada por su jefe. Un pelota se desvive siempre por complacer a su jefe y adoptará generalmente una actitud casi maternal. Si un día el jefe llega tarde lo justificará manifestando, en voz baja, que son las malas amistades las que lo entretienen en los bares y otros centros de trabajo alternativos. Igualmente si algún otro día llega ebrio, también lo justificará manifestando entre el resto de los empleados, que acaba de cerrar un gran negocio para la empresa, negocio que afortunadamente garantizará la supervivencia y la solvencia económica de la empresa para los próximos meses.

El pelota se resfriará cada vez que su jefe estornuda y sufrirá el doble que él por cualquier contrariedad. Un buen pelota le recordará a su jefe todos los aniversarios familiares y extraconyugales. Tratará a los hijos del jefe con excesivo cariño, tanto que llegará a molestar tanto a los niños como a los padres y producirá ataques de vómitos a todos los que en ese momento estén presenciando tan patético y bochornoso espectáculo.

Mientras que un chivato se venderá siempre al mejor postor y actuará como un espía doble o como un sabio camaleón, el pelota aguantará estoicamente sonoras tormentas y temporales. El chivato, al igual que las ratas, será el primero en abandonar el barco y buscar uno nuevo. El chivato puede presumir y casi siempre presume de currículum, el pelota no. El pelota no presume de currículum, porque él no es nada si no tiene delante el espejo de su jefe. Si el pelota necesitara describir sus funciones, no tendría más remedio que reconocer que él es un pelele, un don nadie, un fantasma y eso un pelota que tenga un ligero atisbo de dignidad no lo aceptará, porque entonces sería cuando reconocería públicamente y ante todos que es un contenedor de basuras. Quizá un buen momento para reciclarse y hacerse un chivato de renombre.

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Dentro del espejo

Hay un tipo dentro del espejo que me mira con cara de conejo ¡Oye, tú! tú que me miras.
Oye tú, no te acerques demasiado, busco pelea y estás a mi lado. De un puñetazo me cargo el espejo, le rompo los dientes a cara de conejo.
Hay un tipo dentro del espejo que me mira con cara de conejo

Sintoniza con Cara Conejo

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